Mucho tiempo atrás, las primeras grandes civilizaciones del mundo, ya poseían un sistema para medir el tiempo, el cual era muy preciso. Por ejemplo, el Calendario fue el centro de la vida Maya y su mayor logro cultural. El conocimiento ancestral del calendario guiaba la existencia del Maya a partir del momento de su nacimiento y era muy poco lo que escapaba a la influencia calendaría. En pocas palabras el mundo Maya giraba alrededor del calendario que estaba en su centro.
Otro ejemplo, es lo que se encuentra en el Museo Nacional de México, que guarda como una de sus más preciadas joyas la Piedra del Sol, “el calendario azteca que estuvo religiosamente guardado en la base de la torre occidental de la catedral de México. Estamos en el Nuevo Mundo, separado del viejo conglomerado continental y cultural por inmensos océanos, barrera infranqueable para un tráfico tal que permitiese una interacción cultural entre ambos mundos. Es, pues, lo más probable que si algún contacto hubo entre éstos antes del 12 de octubre de 1492, fuese totalmente esporádico (sostienen algunos historiadores que el mismo Colón había estado en el nuevo continente antes de esa fecha), de modo que era difícil que dejasen huella. Y sin embargo vemos cómo los grandes fenómenos culturales se repiten, entre ellos las prácticas religiosas, políticas y sociales; algunas técnicas incluso, y muchos conocimientos especulativos. Y son precisamente los calendarios y almanaques los que con mayor nitidez nos presentan esta silueta de un espíritu humano que sopla de igual manera en un mundo que en otro, y que nos ofrece en cualquier tiempo y en cualquier lugar un hombre esencialmente igual a sí mismo. Cuando llegó Colón a América, hacía tan sólo 38 años que los aztecas habían reformado su calendario, que era de 365 días, para intercalar el año bisiesto. La historia de los calendarios en el continente americano se parece notablemente a la de los calendarios y almanaques de los conglomerados culturales mediterráneo y asiático.”
- www.elalmanaque.com
Avanzando un poco más adelante en la línea del tiempo, hasta Newton y Einstein, y su teoría relativista, en la cual platea que el tiempo tanto el espacio son relativos, un argumento que intentaba apelar al sentido común sostenía que la Tierra no se mueve ``porque no se nota el movimiento''. Es verdad que, cuando tomamos el tren a Buenos Aires nos damos cuenta si estamos detenidos o andando: cuando el tren avanza, se sacude. ¿Pero qué pasa si viajamos en barco? El barco se menea a causa del oleaje, y más se va a menear cuanto más picado esté el mar; pero si estamos encerrados dentro de una bodega sin ventanas no vamos a poder saber si estamos navegando o detenidos en mitad del océano. De esta misma manera, ocurre con nosotros, que nos encontramos encerrados en una bodega, mientras las olas de nuestra vida pasan una y otra vez allá afuera.
¿Cuántas veces al día no miramos en nuestras muñecas, celulares o paredes para saber qué hora es, cuánto tiempo tenemos para llegar a una “importantísima” cita, o incluso para comer? El tiempo es parte crucial de la vida moderna, y dependemos de él para casi todo, pero no nos damos cuenta de lo que en realidad significa, y para donde se esta yendo todo ese tiempo. Y cuando seamos viejos, y estemos sentados en nuestra mecedora preferida, fumando un buen habano, o tomando algún fino trago, miraremos hacia atrás y ¿Qué es lo que veremos?, ¿qué recordaremos?, y sobre todo, ¿Cuántas cosas valdrán la pena recordar? ¿Y por qué cosas nos recordarán?
El tiempo vale lo que hagamos con él, los años pueden pasar y pasar como si nada, pero depende de nosotros hacer de cada momento algo que prevalezca.
Una experiencia que me hizo dar cuenta de eso fue la semana santa de este año. La pase en un barrio de Medellín llamado Mandalai ayudando a la gente más necesitada a vivir una semana santa como ninguna otra. Fueron 4 días en los que hice más que en muchos años; fueron pequeñas cosas, pero significaron mucho para algunas personas. Sin embargo, volver a la cuidad se convirtió en sinónimo de regreso a la rutina. Hago muchas cosas todos los días, una y otra vez, pero siempre las mismas, así que de algún modo, todos los días se resumen en uno solo. Por eso considero que los jóvenes tenemos que mirar qué estamos haciendo, cómo estamos viviendo, qué estamos haciendo por nosotros y por los demás, y si en realidad nos estamos convirtiendo en las personas que queremos ser.
Muchas veces nos sentamos a ver la vida pasar, esperando que algo extraordinario nos ocurra, que la oportunidad de nuestras vidas se cruce en nuestro silencioso camino y nos apresuramos a agarrarla. Pero ¿cuándo será el día en que nos levantemos de nuestra constante espera y comprendamos que nuestra vida es el ahora, es cada instante, siendo que cada minuto que pasa, podría ser el último? sin embargo, generalmente la juventud, en la cual me incluyo, no es conciente de eso, y nos damos cuenta cuando es demasiado tarde.
Incluso las personas que queremos y nos importan están aquí temporalmente; son como objetos prestados y en cualquier momento la vida nos los pedirá de vuelta, y será ahí, cuando lamentaremos todos los momentos que por arrogantes, necios o egoístas, de alguna manera dejamos pasar. Tanto las cosas como las personas están ahí para nosotros y deberíamos ser concientes de eso.
Este es el momento perfecto para ser concientes de que el tiempo pasa y no perdona, y que aun estamos a tiempo de vivir de verdad, antes de que el tiempo nos agarre por sorpresa y ya sea demasiado tarde para recuperar e tiempo perdido, aquel que pasa por si mismo, sin importarle que nosotros queramos o no, y de igual forma como podemos dejarlo pasar, podemos, por medio de nuestras acciones y convicciones volverlas inmortales.
viernes, 28 de mayo de 2010
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Qué hacer con nuestro tiempo? pasar algunos minutos disfrutando del sonido de los pájaros que nos saludan al amanecer, disfrutar las largas horas en las que la lluvia cae en la noche, saborear cada segundo en el que se comparte la vida con quienes nos rodean. Vivir nuestro tiempo ahora... con sus momentos cálidos y frios... y en algunos momentos detenernos y valorar todo el tiempo que ha pasado ya...Laura Rodríguez Duque
ResponderEliminarEl tema es interesante; hace reflexionar al lector acerca del manejo del tiempo, en especial a la audiencia a la cual va dirigido el texto. En cuanto a la parte argumentativa, logras referenciar antecedentes históricos, científicos que ayudan a desarrollar acertadamente la tesis.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con la afirmación: "El tiempo vale lo que hagamos con él, los años pueden pasar y pasar como si nada, pero depende de nosotros hacer de cada momento algo que prevalezca." ya que depende de cada persona darle un buen uso al tiempo. Por último considero que es acertada la mamera como se concluye el texto.
Claudia Camacho.